Cómo no volar una cometa
El maravilloso mundo de las cometas.... Cuando yo era pequeña mis padres me llevaban a la playa (no muy a menudo ahora que lo pienso y sé el porqué) por las tardes a volar una cometa. Yo recuerdo aquellos momentos como muy divertidos, me encantaba ver volar aquel artilugio. incluso alguna vez yo sóla lo hice.
Y con ese maravilloso recuerdo, se nos ocurrió a nosotros que sería bonito que Ruth y Maia tuvieran estos mismos recuerdos. Asi que ni cortos ni perezosos compramos una cometa de princesas para las niñas (no de muy buena calidad dicho sea de paso), nos la llevamos a la playa y nos bajamos a volarla un dia de no demasiado viento. Yo no me acordaba muy bien cómo se hacía volar esos cacharros pero el papá decidido y muy convencido aseguró que para que la cometa volara había que correr. Y dicho y hecho, ahí tenéis al papá y a Ruth carrera arriba, carrera abajo para intentar que el dichoso aparatito echara a volar...pero lamentablemente la cosa se nos antojaba complicada. Pasados unos cuantos minutos (por no decir horas), la cosa seguia sin funcionar, Ruth aburrida sentada en el suelo jugando con la perrita, yo acompañandola también sentadita en el suelo y Maia trasteando, y el único que parecía tener algún tipo de interés en el asunto era el padre, que seguía insistentemente corriendo de arriba a abajo intentando hacer volar la dichosa cometa para su querida hija que aburridisima ya no le prestaba la más minima atención, con lo que decidí que viendo lo que le divertia al papá, ese sería su próximo regalo.
Pero no contentos con este primer catastrófico día de cometas, nos armamos de valor y nos las llevamos a la playa otra tarde con la misma intención. Nuevamente el papá se dejó el cuerpo y el alma corriendo playa arriba y playa abajo intentando que aquello volara....esta vez parece que Ruth mostró algo más de interes, aunque seguía siendo el papá el que parecía disfrutar más del asunto.
Y más, hubo un tercer intento, este más satisfactorio y es que por fin, la cometa......voló!!!!!!
